Cuando se diseña una práctica de yoga individualizada es importante tener en cuenta tres aspectos:

La práctica de yoga es un proceso dinámico

La práctica de yoga es un proceso dinámico que evoluciona y cambia atendiendo a los cambios que, por una parte, produce la propia práctica y por otra, los cambios vitales y circunstanciales de la persona.

El proceso se establece en una doble relación. El primero y fundamental, es con uno mismo. Significa “cumplir con mi parte” y esto conlleva el cultivo de la constancia, la perseverancia y la confianza. En este caso, realizar la práctica. Y el segundo proceso, también necesario, ocurre con el profesor. Su función es indicar los aspectos o “ángulos ciegos” del practicante con la intención de evitar crear tensiones durante la práctica. Esto ocurre, en primer lugar, ajustando o cambiando aspectos de la propuesta para buscar su mayor eficacia y, finalmente, ofreciendo progresiones de la práctica.

El yoga se enfoca en la salud, no contra la enfermedad.

El yoga está enfocado en la salud y no en ir contra la enfermedad. Para restablecer la salud, lo primero es potenciar la conexión más íntima con uno mismo para ir creando un espacio en el que se vayan diluyendo las tensiones manifestadas en el cuerpo, tanto físico como emocional, para que este contacto permita aflorar el potencial de salud cuya manifestación más clara es el cambio o dosificación de los hábitos.

En las primeras sesiones es fundamental señalar las tensiones para que el estudiante tome conciencia de las mismas y pueda entenderse mejor a sí mismo, al igual que el profesor señalará las consecuencias de las mismas a diferentes niveles.

Transmitir la visión holística del ser humano

Para que uno pueda comprender el proceso y la acción del yoga, la práctica popuesta debe estar vinculada a una visión holística del ser humano. Esta visión parte de la dimensión espiritual del Ser humano y de una idea central: todo cuanto existe son estados de Conciencia, Todo es Conciencia.

Víctor Morera