El mayor entrenamiento de un profesor de yoga o un yogaterapeuta, y en el cual insistimos mucho durante la formación de yogaterapia, es aprender a observar. Para ello, partimos del hecho de que podemos observar en otra persona aquello que conocemos.

¿Cómo adquirimos este conocimiento en el contexto del yoga? Primero, a través de la práctica guiada por un profesor con experiencia, y segundo, mediante la auto observación compartida con otros compañeros y compañeras.

En este artículo me centraré en la columna vertebral, ya que, por su importancia en el conjunto de los sistemas corporales, constituye el eje de toda práctica de hatha yoga.

En este caso, la experiencia y la observación nos puede llevar a comprender:

  • Cómo inciden los diferentes asanas en la columna vertebral.
  • Qué cambios producen diferentes variantes de un asana en la zona de la columna vertebral en la que se incide.
  • Cómo influye la respiración en la columna vertebral.
  • Cómo realizar un mismo asana de distintas maneras o con diferentes actitudes (por ejemplo, percibiendo la diferencia entre una actitud de “lo quiero hacer perfecto” y un diálogo con uno mismo desde la ternura).

Para adquirir este conocimiento es necesario realizar las posturas desde dentro y con un espíritu de investigación, para lo cual aconsejamos conocer lo que llamamos “bases posturales”, es decir un modelo basado en la anatomía y en la cinética que todo practicante de hatha yoga debe ir interiorizando en su práctica. El estudio de la biomecánica de la columna vertebral nos ayuda a entender con mayor claridad lo que hacemos y disponer de un sustrato desde donde explicar y organizar la práctica.

Para que esta auto observación interna sea más completa, es muy recomendable contar, sobre todo al principio, con la ayuda de un profesor o yogaterapeuta quien, haciendo de espejo, desde fuera ayudará a contrastar las sensaciones internas con el resultado externo. En estos últimos años hemos comprobado lo valioso que es el uso de fotografías y de vídeos, como medios que facilitan la propiocepción y el diálogo entre el esquema corporal que tenemos y percibimos de nosotros mismos y el que vemos en la imagen.

Si aprendemos a observarnos a nosotros mismos, cada vez nos resultará más sencillo observar a los alumnos. Ellos, con la práctica, nos ayudan a distinguir individualidades y a darnos cuenta de que no hay dos columnas vertebrales iguales.

Para observar la columna vertebral, nos valemos de:

  • Posturas y movimientos concretos.
  • La palpación manual de la misma.
  • Signos visibles como cicatrices, asimetrías o cambios de textura en la piel.

El entrenamiento nos ayudará a ir descifrando la incidencia que tienen en la columna vertebral los acortamientos, tensiones y limitaciones articulares, dentro del esquema global de la persona, que se manifiestan en la forma de realizar las diferentes asanas, donde podemos observar tanto la fuerza, como la debilidad de ciertos músculos o partes corporales, así como las compensaciones.

Cuando diseñemos la práctica individualizada, teniendo en cuenta la edad, constitución corporal, actividad laboral y deportiva de la persona, la propuesta debería incluir las siguientes consideraciones:

  1. La elección de asanas con sus variantes que incidan en zonas concretas de la columna vertebral, por ejemplo en las zonas más rígidas.
  2. La elección del tipo de respiración y sus acentos.
  3. La elección de posiciones que ayuden a regular o inhibir las zonas y los gestos de la columna con mayor movilidad o de mayor incidencia somática.
  4. La elección de acentos y atenciones que hagan recordar “otra forma de moverse, o desde donde moverse” para realizar los asanas o gestos.

La finalidad es, y esto es muy importante para la salud de la persona, armonizar las curvas de la columna vertebral, reduciendo las tensiones y compresiones sobre la misma y generando una mayor amplitud y fluidez en el movimiento para una distribución del prana en el organismo óptima.

Quiero aclarar que esto no es hacer una traslación de la fisioterapia o de cualquier otra ciencia corporal al yoga. Es un gran error caer en un yoga como rehabilitación, atendiendo a principios biomecánicos, con una mirada de fisioterapia. El yoga debería ir más allá de eso, se trata pues, y no debemos perderlo de vista, de un medio para que, como mencionamos anteriormente, el prana circule de forma armónica y cree las condiciones de mantener la calma mental  con una mirada hacia lo transcendente.

Lo expuesto sirve como base de una práctica saludable, con la cual construir cualquier propuesta de yoga.

Victor Morera Siscar.