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La disciplina en el yoga

Por Victor Morera Siscar

Yoga debe ser conocido a través del Yoga, y solo el Yoga te conduce al Yoga.
Aquel que persiste en el Yoga alcanza la felicidad en el Yoga”. 

Vyasa, comentario del sutra III.6 de Patanjali sobre la práctica y etapas del yoga.  

Disciplinarse a sí mismo es encender el fuego interior: la unión del  fuego del corazón y el fuego de la mente superior en una ardiente aspiración hacia la luz del Alma.

Toda disciplina en el yoga es una autodisciplina que supone un esfuerzo por recordar la aspiración y la intención por la cual estás practicando o decides practicar el yoga. No debería ser una  acción «porque me han dicho que lo haga», ni obedecer sin comprender, si no desde el conocimiento que uno tiene de si mismo y con las herramientas y técnicas que va aprendiendo usar y aplicar según las circunstancias.


En el yoga es fundamental que vayas aprendiendo y experimentando por ti mismo, y que lo uses, intentando mejorar las circustancias reduciendo los condicionamientos y hábitos. No se trata tanto de cuanto hago, sino de la calidad de lo que hago. 

La disciplina no debe crear una estructura rígida, ni tensión, ni caer en sentimientos de culpabilidad por no hacer, o el orgullo por practicar mucho… la disciplina supone un recuerdo de lo esencial, del compromiso que cada uno a adquirido consigo mismo. Y poner en práctica lo que va aprendiendo en el contexto del yoga para usarlo en aquellas situaciones que se presenten en sus relaciones. 

La disciplina en el yoga implica sobre todo disciplinar los pensamientos y las actitudes para que se vean reflejados en los actos. En un principio el esfuerzo es salir de los hábitos, de los condicionamientos mecánicos, aprender a pensar y a replantearse las relaciones de otra manera, más creativa y libre.

El recuerdo y la alineación con lo esencial, con la intención espiritual y con la energía del grupo va fortaleciendo la voluntad, siendo las actividades y las prácticas del yoga como prioritarias en la vida. Ese recuerdo constante de la esencia hace que uno vaya renunciando a lo que no es esencial y a no retroalimente los aspectos negativos y las relaciones no beneficiosas. La disciplina es el ritmo espiritual, y en este sentido no es un deber, es un derecho. La disciplina, cuando se disfruta, es consagración. Consagrarse es hacer cada acto sagrado, ya que uno está en contacto con su ser interior. En la consagración la vida se vive como un ritual sagrado.

El esfuerzo al principio no se enfoca en acciones extraordinarias, sino en aprovechar lo cotidiano como posibilidades de ir realizando el yoga. Este esfuerzo junto con la práctica individual, hará que se incorpore en el día a día un espacio que más allá de un voluntarismo obediente. Este espacio crea una atmósfera personal e íntima dónde la práctica cobra un sentido único. Aquí uno aprende a adaptar el yoga a sus necesidades y no a la inversa. Esta práctica individual se debe (y es muy recomendable) compartirla con algún profesor o compañero que trabaje en el mismo contexto.

Se dice que la mejor manera de constatar si progresamos en el camino del yoga es a través de las relaciones. Si nuestras relaciones mejoran en calidad, claridad y libertad, es buen indicativo de que nuestra práctica está bien encauzada. De lo contrario, debemos revisar y preguntarnos: ¿cuál es la causa, actitud, pensamiento… que en esta o aquella relación crea desarmonía? ¿qué técnica herramienta puedo emplear par crear un resultado diferente? Aprovechar los conflictos para revisar nuestras intenciones, actitudes y pensamientos que los han generado e intentar cambiar de estrategia para crear una situación más positiva y armónica.

Se trata de vivir como aprendices y dejar de ser víctimas. En el victimismo, en la culpabilidad, no aprendemos y generamos círculos viciosos donde se repite de una u otra forma las mismas situaciones y conflictos sin sentido. Afirmar la intención, recordar las sensaciones asociadas a la misma, es la base de la disciplina, ese es el esfuerzo para que toda práctica tenga corazón. 

La comprensión con corazón, junto con el conocimiento preciso de las herramientas que usamos en yoga, son la base de la toda práctica, ya que son los ingredientes que van desarrollando nuestra aspiración y fortaleciendo nuestra búsqueda. 

Uno se va armonizando con la práctica espiritual y su actividad cotidiana, y por tanto en su interior deja de vivirlas como algo separado.

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