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Los retiros MOC a través de la mirada de Víctor Morera

    El Movimiento Orgánico Consciente (MOC) sigue su curso, fluyendo con cada nueva comprensión que voy alcanzando sobre el lazo profundo entre el cerebro, el carácter y el cuerpo. Y esta evolución se refleja en los retiros: propuestas más simples, más sutiles, pero igualmente profundas, donde cada ejercicio, cada dinámica, nace de las necesidades del grupo. A veces, esas necesidades se expresan en palabras, pero otras, surgen en el silencio del movimiento, en la respiración, en las miradas que cruzamos o en la calidez de las conversaciones durante la comida.

    Es hermoso, y a la vez misterioso, ver cómo el grupo se armoniza, como si algo invisible nos guiara. Es lo que suelo llamar el Alma grupal. En las sesiones del MOC, el espacio se llena de apertura, de confianza, y poco a poco, nos toca el corazón a todos. Esa atmósfera es la que crea el terreno fértil para un contacto más honesto con nuestro propio cuerpo, con lo que habita en los músculos, en los órganos, en el campo de energía que nos rodea. Y al tocar ese espacio, muchas veces surgen comprensiones profundas, no siempre en palabras, sino en el propio sentir del cuerpo. Se deshacen nudos, salen lagrimas, a veces traemos recuerdos dolorosos o, simplemente, nos vemos con mayor claridad, con esa honestidad que tanto cuesta. En ese proceso, nos damos cuenta de cómo nuestra forma de ser, de pensar, de relacionarnos, esculpe el cuerpo, su biología, su energía, su gesto.

    Es como si los velos que cubren nuestra esencia se volvieran más transparentes. Sabemos, sin necesidad de hablar, que lo que percibimos en el cuerpo es energía, es conciencia.

    Me conmueve ver cómo en solo cuatro días, el grupo vive experiencias tan íntimas, tan silenciosas, y cómo esas vivencias se comparten de forma tan natural: en las risas, en la piscina, en un paseo, en las charlas en la noche. Me conmueve cuando se revelan nuestras vulnerabilidades y nuestras fortalezas, cuando surge ese aroma invisible, como una flor que se abre por un instante, efímera pero duradera en el recuerdo, dejando una huella que perdura en el tiempo.

    ¡Vamos!
    sigamos en este olvido de uno mismo,
    para encontrarnos con lo que esta por desvelar,
    ¡vamos!
    cojamos el camino no conocido,
    lo que encontremos…
    Inshallah

    Victor Morera