Por Víctor Morera
Yogaterapeuta, fundador de Pranamanasyoga.
Durante el último seminario celebrado en San Sebastián, cuyo eje central fue el aprendizaje de la observación y la lectura corporal, tuvimos la oportunidad de trabajar con tres alumnas que compartían un mismo síntoma: dolor en la cadera derecha, con distintos grados de intensidad y diferentes historias en el tiempo. Lo que sigue es una exposición deliberadamente concisa. No hice un análisis de lectura corporal de cada persona, (en un dolor de cadera hay muchos factores a contemplar) sino destacar aquello que resultó más revelador en ese contexto de aprendizaje compartido.
Primera conclusión: mismo síntoma, causas distintas
Ante un mismo síntoma, las causas pueden ser completamente diferentes. Este es quizás el recordatorio más importante para cualquier yogaterapeuta: no existe una lectura única del dolor. Cada cuerpo expresa la historia de cada persona y tiene su propio manera.
Segunda conclusión: la observación corporal como herramienta terapéutica
Desarrollar la mirada sobre el lenguaje corporal —la postura, los gestos somáticos, la
forma de moverse, la calidad de la propiocepción, es una competencia esencial en
yogaterapia. Es lo que nos permite generar conciencia corporal en el alumno y diseñar
una práctica verdaderamente personalizada.
Tercera conclusión: donde está el síntoma, rara vez está la causa
Debemos recordar siempre la unidad del organismo. Cualquier tensión en una parte puede manifestarse en otra, y esa tensión no es únicamente física: también es caracterológica, emocional, familiar.
1. Primera alumna — La cicatriz olvidada
Esta alumna nos contó que de muy pequeña había sufrido una peritonitis, dejándole una
cicatriz en la zona del apéndice. Lo que captó nuestra atención fue su patrón de respuesta ante preguntas relacionadas con sus sensaciones: de manera repetida y automática, dirigía la mirada hacia arriba y hacia la derecha. Se lo hicimos notar y le propuse que probara lo contrario, mirar hacia abajo y hacia la izquierda, para ver qué ocurría. Su respuesta fue inmediata: el dolor disminuía.
También observamos que en la respiración la zona abdominal baja permanecía inmóvil, y
cuando intentaba activarla, la atención se desplazaba automáticamente hacia la parte del diafragma. En la práctica de asana, la región infraumbilical se quedaba sin despertar. Le
propuse Virabhadrasana (el guerrero) aplicando las bases posturales, y esto también
contribuyó a liberar la zona de la pelvis.
Este caso nos invita a reflexionar sobre la incidencia de los patrones oculomotores en los
mecanismos de compensación descendente, y sobre el valor terapéutico de las bases
posturales bien aplicadas.
2. Segunda alumna — El gesto que regresa
El dolor de esta alumna había aparecido tras un período de mucho trabajo y exigencia. Lo significativo fue un gesto que observamos, en un momento y ante ciertas preguntas,
flexionaba el pie derecho y lo giraba hacia dentro. Al preguntarle, nos contó que de
pequeña se recuerda con los pies hacia dentro y el cuerpo encogido. Al día siguiente llegó con una observación preciosa: había preparado la cena con los pies
en rotación externa ,”a lo Charlot”, y la cadera no le había molestado.
Este caso ilustra con claridad cómo los gestos somáticos habituales son, con el tiempo,
los que generan el daño. Tomar conciencia de ellos es el primer paso; el segundo es
desactivarlos no solo en su expresión física, sino también en su dimensión psíquica y
emocional.
3. Tercera alumna — La boca como origen
Después de la observación de esta alumna, le pregunté si tenía algún problema en la boca. Nos contó que hacía dos días le habían descubierto una infección debajo de una muela. En este caso, la intervención fue sencilla y directa: le dijimos que el tratamiento de esa infección era urgente y prioritario, ya que podía ser perfectamente la causa del dolor de cadera. La salud oral tiene un impacto sistémico que con frecuencia se subestima, y las infecciones dentales en particular pueden irradiar su efecto a zonas aparentemente alejadas. No hicimos nada más. No era el momento de practicar, sino de derivar.
Estos tres casos, observados en el mismo seminario, son un recordatorio vivo de por qué
la yogaterapia requiere una mirada integradora. El cuerpo habla con su propio lenguaje,
nosotros aprendemos, poco a poco, a escucharlo.