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Breve historia del Yoga solar

    Por Naren Herrero
    Periodista y escritor especializado en la filosofía de la India y del Yoga (hijodevecino.net)

    «Al contemplar la luz (jyotish)
    que surge sobre la oscuridad (tamas),
    nos acercamos al Sol (surya),
    divino entre los dioses,
    la luz suprema».
    Rigveda, 1.50.11

    La Luz como símbolo y componente de la esencia Divina es un tema común a numerosas tradiciones humanas. Para la tradición hindú, que es la que nos ocupa en este texto, lo Divino en forma lumínica se manifiesta en tres formas principales, cada una correspondiente a uno de los planos de la existencia material.

    A saber:

    • El fuego (Agni) es la manifestación visible de lo Divino en la Tierra.
    • El rayo (Indra) es la manifestación visible de lo Divino en la
      Atmósfera.
    • El sol (Surya) es la manifestación visible de lo Divino en el Cielo.

    De estas tres manifestaciones, el Sol ocupa la posición más elevada y permanente, considerándose «el ojo» que todo lo ve y sabe desde su privilegiada altura.

    Esta capacidad de visión del Sol está basada, sobre todo, en su inherente luz que es un símbolo del conocimiento espiritual que anhelan los buscadores de la Verdad. A la vez, la luminosidad externa que ofrece el Sol se corresponde con la luz de la Conciencia que, además de omnipresente, brilla en el interior de cada ser. Reconocer ese esplendor divino y reconectar con él es el objetivo de las diversas escuelas yóguicas.

    El mantra más sagrado de los Vedas

    El aspecto del Sol que es más reverenciado en los Vedas es Savitri, que se suele traducir como «el vivificador», y es el nombre que recibe el astro rey justo en el momento antes de clarear, cuando se da el paso de la noche hacia el día que, espiritualmente, también es el paso de la oscuridad del ego hacia la luminosidad del Ser interior (ātman). En este momento bisagra es cuando los hindúes iniciados deben repetir la estrofa más sagrada de los Vedas: el famoso Gayatri mantra, que loa justamente el «glorioso esplendor» del Sol.

    El mantra original, tal como aparece en el Rigveda (3.62.10) reza así:

    tat savitur varenyam
    bhargo devasya dhimahi
    dhiyo yo naḥ prachodayat

    En las Upanishads, que son textos posteriores, a los tres pies rigvédicos tradicionales se les añade un cuarto pie, que es una expresión ritual formada con los nombres místicos de los tres mundos: la Tierra (bhur), la Atmósfera (bhuvah) y el Cielo (svah). Con la declaración inicial bhur bhuvah svah se implica que el Sol es el creador y regente de estos tres planos materiales.

    De todos modos, lo importante es recordar que el Gayatri mantra es, en cierta forma, la manifestación sonora de la luz y que su repetición invoca la luminosidad, tanto externa como internamente. La traducción posible del mantra, tal como se lo conoce popularmente, quedaría así:

    ¡La Tierra, la Atmósfera y el Cielo!

    Meditemos en el glorioso esplendor del divino Sol, que él estimule nuestros intelectos.

    Nombres del Sol

    De entre todas las deidades hindúes antiguas, el Sol recibe la mayor cantidad de nombres diferentes en los himnos védicos, como una muestra de la amplia presencia que ya entonces tenía su figura.

    De todo el abanico de apelativos, el nombre sánscrito más conocido del dios Sol es Surya, especialmente famoso por la secuencia de posturas físicas llamada Surya namaskara que se suele practicar en clases de hatha yoga contemporáneo. La palabra surya significa «brillante» y comparte raíz etimológica con la palabra sura que es otra forma de designar a los «dioses» (deva) en contraposición a los asura o «demonios».

    Los orígenes de Surya namaskar

    Surya namaskara, comúnmente llamado «Saludo al Sol», es el nombre de una secuencia de posturas físicas que se suele practicar al comienzo de las modernas clases de hatha yoga como forma de calentamiento físico, que sería la forma actualizada de reverencia a Surya, el dios del Sol, que nos da vida, calor y luz.

    Por lo que sabemos, esta adoración solar tuvo su primera manifestación en los himnos de alabanza védicos, en rituales relacionados con los elementos y también probablemente a través de postraciones físicas al Sol, considerado la manifestación visible de lo Divino en el cielo.

    El actual ejercicio Surya namaskara, que tiene innumerables variantes dependiendo del linaje o el estilo de yoga que uno analice, comienza de pie y acaba de pie, pasando siempre por un momento de postración, que tradicionalmente se denomina praṇam, y que, según la versión, puede ser en la forma de una exigente flexión de brazos (chaturanga dandasana), algo más suave apoyando rodillas y pecho en el suelo (ashtanga namaskara) o más tradicional, con todo el cuerpo totalmente boca abajo y los brazos extendidos hacia adelante. Esta última opción se denomina técnicamente «postración como un bastón» y todavía hoy, para un devoto hindú, es la forma de mostrar el máximo respeto frente a la Divinidad o su gurú.

    Tal como lo conocemos hoy, la antigüedad del ejercicio físico del «Saludo al Sol» es debatida.

    La conexión Krishnamacharya

    Para encontrar pistas en esta investigación, uno inevitablemente acaba dirigiendo la mirada hacia T. Krishnamacharya (1888-1989), muchas veces conocido como «el abuelo del yoga moderno», que antes que un hatha yogui era un erudito en sánscrito y filosofía hindú en generaI.

    Debido a su erudición, T. Krishnamacharya fue convocado en 1931 por el Maharaja o rey de Mysore, en el sur de la India, para enseñar sánscrito en el Sanskrit College, pero ya en 1933 y dado su conocimiento del sistema yóguico, el Maharaja le pidió que abriera y se hiciera cargo de la yogashala («sala de yoga») del palacio real, cuyos estudiantes eran jóvenes adolescentes de la realeza, aunque también había jóvenes normales del pueblo. Hoy es más que sabido que el yoga físico que enseñó Krishnamacharya en el palacio de Mysore era un sistema dinámico y exigente, pero incluso hoy se debate – sin una respuesta certera – si él realmente enseñó la secuencia de Surya Namaskara.

    Lo que es indudable es que Krishnamacharya sí inculcó a sus estudiantes la recitación de textos védicos y clásicos, pues a fin de cuentas él era un brahmana erudito y devoto. Entre estos textos antiguos y debido a su linaje, Krishnamacharya tenía especial conocimiento de los mantras del Krishna Yajur Veda, una composición que tiene al menos tres mil años. De aquí destaca el llamado Aruṇa prapāṭhaka, un largo himno solar muy querido por Krishnamacharya que abre la sección Taittirīya Āraṇyaka del Yajur Veda y que se recita temprano por la mañana (aruṇa se puede traducir como «aurora»), especialmente los domingos y que es apreciado por su poder para otorgar buena salud.

    La relevancia de este texto radica en que, para muchos linajes derivados de Krishnamacharya (Ashtanga vinyasa yoga de Pattabhi Jois; Viniyoga de TKV Desikachar; Vinyasakrama de Srivatsa Ramaswami…), es una de las bases textuales del famoso Surya Namaskara físico, aunque entre sus versos nunca se hable de posturas físicas de forma explícita.

    En estos versos que elogian a Surya se habla de su poder en general y de cómo surca los cielos en un carro tirado por siete yeguas, a la vez que se le pide por prosperidad y buena salud. A primera vista, estos versos no parecen tener mucha relación con el ejercicio físico de «Saludo al Sol», excepto por el hecho de que el aspecto del Sol como protector de la salud física y mental aparece en diferentes textos tradicionales hindúes.

    De ahí que sea relevante tener en cuenta que, muy probablemente, el Surya Namaskara original, como dice S. Ramaswami, «no haya sido una secuencia de posturas sino de palabras sagradas» en honor al Sol como símbolo de lo Divino, pero también como dador de buena salud.

    Practicar Surya namaskar puede ser una forma de calentamiento físico o un buen método para obtener una salud de hierro. También puede ser una manera simple y actualizada de reverenciar a quien nos da vida, calor y luz. Ni siquiera es obligatorio mover el cuerpo, ya que la salutación con fórmulas sonoras es tanto o más tradicional. Y ni que decir de su realización con nuestra atención en la luz exterior que es reflejo de nuestra esencia espiritual.

    Elegir nuestra opción a conciencia es, quizá, la forma más adecuada de honrar el legado solar del Yoga.