LA URDIMBRE DE LA FORMACIÓN EN YOGA TERAPEÚTICO

Esta formación es una propuesta para despertar el potencial humano. Es un trabajo que tiene técnica pero que sobre todo tiene corazón. El alma de nuestra enseñanza es el corazón al servicio de lo humano. La mejor herramienta con la que contamos somos nosotros mismos, nuestra confianza y capacidad de estar alineados e identificados con el alma, con el ser,  realizar el yoga que nos permita crear estados de sensibilidad, de comunicación con nuestra alma.

Durante estos años de formación he insistido en que lo esencial es la presencia del profesor, la capacidad de escucha, de estar en presente, que desde nuestro centro, el gesto, la mirada, la palabra se conviertan en instrumentos terapéuticos. El yoga se manifiesta como un estado donde hacemos humanidad, generamos confianza, generamos relajación y apertura, y con  nuestro silencio quitamos “ruidos” en nuestros alumnos; esta convicción de que mi estado de conciencia es la mayor y la más potente de las herramientas, es la que nos ha de guiar durante  la formación.

Estoy convencido de que lo que todo ser humano necesita es ser escuchado, acompañado, ser respetado y es ahí donde nosotros tenemos que ser espejos y corazones resonantes, magos, donde las angustias, dolores y enfermedades  sean significativas para la historia de cada ser humano, porque cuando el dolor tiene significado se convierte en comprensión y no necesariamente en conocimiento. La comprensión involucra al corazón. Cuando los acontecimientos de mi vida tienen corazón producen cambios, porque nos volvemos más humildes, más transparentes, más compasivos, más veraces, y esto produce un campo magnético donde los conflictos se vuelven retos de aprendizaje de perfeccionamiento, es el taller del alquimista, la materia de afuera se convierte en oro en contacto con la materia interna.

Decía San Juan de la Cruz: “que para ir a donde no sé tengo que coger el camino que no conozco.»

Coger caminos desconocidos es trabajar con incertidumbre, tener todas las puertas abiertas, ya que todo crecimiento supone adentrarse en lo desconocido.

Este proceso nos enfrenta a los miedos, las emociones, a nuestras limitaciones, a los automatismos. Y es a través de este reconocimiento como se va creando el estado terapéutico del yoga. Trabajar en el presente es escuchar manteniendo la quietud, sin proyecciones , sin memoria, sin certezas; en este presente hacia la escucha del ser.  Esto es para mi lo esencial de la formación.

Al mismo tiempo, adquiriremos conocimientos sobre biomecánica, cinética, fisiopatología, terapias manuales, engarzado con las propuestas de la tradición del yoga. En este sentido desarrollamos y le damos forma individualizada a  las materias de la formación de yoga.

Por último quiero reseñar lo importante del grupo en este trabajo. Cada uno de nosotros somos resonadores de los demás y por lo tanto espejos que posibilitan el crecimiento. Sinergia  significa que  el esfuerzo de varios produce resultados que cada uno por si mismo no produciría. Un grupo que crea sinergia es un grupo que crea las condiciones de apertura y corazón. Siendo vulnerables, nos fortalecemos, aceptándonos. Somos una totalidad, permitamos que se manifieste. Esto es la bendición cuando se crea el alma de grupo.

Victor Morera  Siscar