Evitar hacerse daño

La primera obligación que tiene un profesor de yoga con sus alumnos es evitar que se hagan daño, lo cual supone desarrollar una tarea pedagógica sobre la propiocepción, para que se den cuenta  de cómo realizan los diferentes âsanas y puedan ir reconociendo su propia estructura corporal.

No es lo que haces si no cómo lo haces. Y el profesor debe de reconocer los gestos que crean tensiones y enseñar otra forma de usar el cuerpo.

Aquí comparto algunos de los gestos somáticos más habituales. Estos gestos, repetidos y prolongados en el tiempo, pueden ocasionar problemas de salud:

  • Confundir la expansión de la caja torácica con la extensión de la columna vertebral.
  • Trasladar el centro de fuerza a la zona del plexo solar (lordosis lumbo-dorsal).
  • Bloquear la respiración en inspiración mientras se realizan las posturas de tono.
  • Arrastrar en exceso la parrilla costal con el movimiento de llevar los brazos hacia arriba.
  • La tensión en el plexo solar y la falta de tono y conexión en la zona infraumbilical, cuando se intenta “meter la tripa”.
  • Tensar las mandíbulas.
  • Subir los hombros en los movimientos de los brazos.
  • Rotar las piernas hacia dentro, como compensación, en la solicitud de los músculos posteriores de las piernas en estiramiento.
  • En las flexiones del tronco, poner rígida la zona lumbar y realizar una anteversión de la pelvis.
  • Cuando se levantan los brazos, adelantar la cabeza o flexionarla, situando la mirada hacia el suelo.
  • En las posturas de pie, al abrir las piernas, poner la pelvis en anteversión y adelantar el tronco.
  • La respiración paradójica, con hundimiento del pecho.
  • En las extensiones del tronco de pie, la antepulsión de la pelvis.
  • En los ejercicios en la posición decúbito supino (tumbado sobre la espalda), cuando se elevan las piernas o se acercan las rodillas al pecho, sacar el abdomen hacia fuera, cerrando en mayor o menor medida la últimas costillas.
  • Compensar el acortamiento de los músculos isquiotibiales en las flexiones con una retroversión de la pelvis y una excesiva demanda de la columna vertebral.
  • Meter el mentón en exceso y sobre todo en las posturas tumbados sobre la espalda.

Victor Morera

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