TOMAR REFUGIO

 «Tomar refugio» significa tomar las riendas de mi propia vida.

Manuel Perera

Nuestro propósito: Crecer. Evolucionar. Reconocer constantemente nuestra naturaleza intrínseca y maravillosa. Debemos hacer el esfuerzo necesario para recordar quienes somos verdaderamente.

El pensamiento, en su parloteo permanente, atrapa nuestros sentidos, distrae y sin ser conscientes repetimos una y otra vez los mismos discursos de manera casi ininterrumpida. 

La respiración se altera con los sucesos emocionales. Pasamos de una emoción a otra como los días se suceden sin interrupción. Es un hecho de que nuestra manera de respirar se involucra con nuestra emoción y nuestra psique. Respirar es adaptarse instante a instante a nuestros estados anímicos, lo que supone estar ligado a una respiración cambiante. Y si a todo este conjunto le añadimos un cuerpo físico modelado por tensiones crónicas, es muy probable que los acontecimientos de la vida nos sobrepasen en la mayoría de las ocasiones.

El ritmo acelerado nos conduce inevitablemente a la distracción. El ruido; la dispersión; la insaciable rigidez de nuestras desbocadas palabras; continuamente somos arrastrados por las circunstancias que nos acontecen sin cesar, perdiendo nuestra integración, desuniendo nuestra mente de nuestro cuerpo. Nada debería extraviarnos de nosotros mismos. La individualidad toma más poder y majestuosidad  cuando la voluntad nos arraiga al acto de estar presentes.

Hay muchas maneras de mantener la presencia y una de las cualidades de cómo conseguirlo, de modo fácil y con resultados rápidos y sorprendentes, desarrollando y motivando la atención. Los budistas la llaman “la práctica de la atención correcta”. A través de esta práctica podemos estar presentes en cualquier pensamiento o acto que realicemos. Precisamente en eso consiste, no dejar que nada del exterior me desconecte de mi objetivo bien definido.

Con la práctica de la atención correcta puedo dirigir mi concentración a la respiración. Observarla sin más, sin pretender modificar o forzar; tan solo observar. Hacia dentro, hacia fuera, en su ir y devenir…como las olas del mar que se entregan acunando la tierra y regresan sumergiéndose a lo más profundo. La respiración se crea en el aquí y ahora, no es algo del pasado ni mucho menos de un futuro que no existe. La respiración nace en el instante mismo. La respiración consciente conduce la mirada al momento actual. Sin pasado ni futuro, solo el aquí y el ahora.

Respirando conscientemente soy dueño de mí, libre de los acontecimientos que puedan sobrevenir, es decir, darse cuenta y reaccionar desde una visión mucho más amplia.

En el día a día vamos a ser bombardeados por las circunstancias, una tras otra, eso no se puede evitar pues forma parte de nuestra naturaleza, somos cambiantes y absolutamente todo gira alrededor de la transformación. La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Debemos hacer todo lo posible por volver a nosotros y regresar la mente al cuerpo. 
Habitualmente el cuerpo responde al pensamiento pero como casi siempre ocurre la mente divaga, como la mariposa alimentándose de flor en flor, embaucándose de circunstancia en circunstancia…

Cuando estamos totalmente presentes la energía no se desperdicia ni se gasta en el tumulto de palabras brotadas de la incomprensión. El silencio toma vital importancia y podemos estar en medio de una plaza en una gran capital y seguir escuchándolo. Me refiero al silencio interno, ese que nos conecta y regenera el sistema nervioso liberándonos de impresiones mentales, sensaciones impregnas y emociones bloqueadas. Porque el silencio tiene voz propia. Sonido imperecedero…la voz del silencio.

Siempre que permito volver a mi, mi sistema se reequilibra y tomo las riendas de mi propia vida. Es como conectar dejándose fluir en el ciclo natural de la existencia. Todo tiene sentido, incluso el caos del mundo y mi mundo, lo acepto y comprendo como parte de un todo ilimitado. El universo respira dentro y fuera de mí; yo soy el universo.

La plena atención correcta puede ser aplicada a la respiración o al caminar; o a cualquier otra actividad que realicemos. Consiste en coger el hábito de “tomar refugio” en cualquier momento de los quehaceres cotidianos. 

Cuando comes, solo comes disfrutando y en silencio. 
Cuando camines, solo camina consciente de tus pies. 
Cuando respiras, ábrete a la experiencia. 
Cuando ames a la persona amada, solo ama en presencia.

Aprender a amar, respetar, poner límites con amor, dar sentido a cualquier argumento y, mucho más, son los atributos recogidos al hacer tuyo el hábito cotidiano de tomar refugio y recordarse continuamente.

Aunque el medio nos sobrecoja de manera inesperada. Siempre, siempre, me permito regresar a mi hogar. Mi mente y mi cuerpo unidos es mi hogar, y la atención en la respiración el medio.

Yo soy.