Tres estrategias iniciales en el enfoque del yoga terapéutico

La primera acción que nos planteamos en una práctica de yoga terapéutico siempre es empezar por lo más básico, que es generar estrategias  que ayuden a aflojar tensiones y tomar conciencia de los gestos somáticos, ya que son los que originan los patrones de tensión y como consecuencia aparece inflamación y el dolor.

Esa toma de conciencia del gesto, ayuda a salir de los automatismos y exige mucha atención, con lo cual estamos generando un estado de conciencia más pleno.

La segunda estrategia que pongo en marcha, se centra sobre todo en hacer ver a la persona la manera en la que hace los ejercicios, que viene a reflejar en gran medida la actitud interna de cómo se relaciona consigo misma. Es necesario recordar que todo gesto está cargado de psiquismo y expresa las emociones más habituales en una persona. Es pues muy importante, no tanto lo que hace, sino cómo lo hace.

Esta forma de hacer diferente permite conectar con aspectos, sensaciones, y emociones poco habituales, con lo cual facilita la liberación del prana retenido en diferentes partes del cuerpo. De ahí la importancia de incidir en los segmentos y diafragmas más somáticos.

La tercera estrategia es generar el suficiente entusiasmo para que haga de la práctica algo cotidiano. De ahí los tres parámetros que solemos tener en cuenta: lo que le gusta, lo que puede y lo que necesita. El primero, lo que más le gusta, es decir aquello que le es más afín con su carácter, es el que debe predominar, porque de lo que se trata es de que practique todos los días.

Independientemente de los síntomas y motivos por los que la persona quiera hacer una sesión de yoga terapéutico estas serían al principio las tres estrategias que tenemos que tener presentes.