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Volver al cuerpo: yoga terapéutico para personas con Parkinson

    Por Viola Emanuelli
    exalumna de Pranamanasuyoga, instructora de yoga especializada en yoga terapéutico, yoga para la enfermedad de Parkinson y yoga para niños y jóvenes. Arquitecta de formación, su encuentro con el yoga surgió en 2008 tras una enfermedad autoinmune que transformó por completo su vida y su vocación. En 2017 inició su formación en yoga terapéutico, y desde 2020 trabaja con el colectivo de personas con Parkinson.
    Más información: violaeyoga.com

    Viola empezó a trabajar con personas con Parkinson casi por casualidad, durante el confinamiento, cuando un grupo buscaba una profesora de yoga para clases online. Lo que comenzó como un experimento se convirtió, con el tiempo, en una de las dimensiones más profundas de su práctica profesional. Hoy lidera un programa multidisciplinario en Verbania (norte de Italia) y es vicepresidenta de la asociación local de Parkinson.

    Antes de entrar en su metodología, nos invita a desmontar un estereotipo. «Estamos acostumbrados a pensar que la persona con Parkinson es la que tiembla», dice Viola, «pero no todos tienen temblor. Es solo uno de los síntomas, y quizás no el más importante.» La enfermedad se origina en una disfunción de la sustancia negra del cerebro que reduce la producción de dopamina, pero sus efectos van mucho más allá del movimiento: la dopamina también regula la motivación y el estado de ánimo, lo que explica por qué muchas personas transitan dos o tres años con un diagnóstico erróneo de depresión antes de llegar al diagnóstico correcto de Parkinson. Y a esto se suma una variable que complica cualquier intento de rutina fija: los síntomas fluctúan a lo largo del día, a veces de la mañana a la tarde, según el curso de la enfermedad y el efecto de la medicación.

    Es desde esta comprensión, clínica y, al mismo tiempo, profundamente humana, que Viola ha construido su propia metodología.

    Aspectos metodológicos: el método P.A.C.E. y el enfoque científico

    Esta experiencia se basa en la comprensión neurocientífica del Parkinson (falta de dopamina, síntomas motores y no motores, y sus fluctuaciones) unida a una lectura físico-energética a través de la visión del yoga. Este enfoque se estructura en torno al acrónimo P.A.C.E. (pace, «paz» en italiano):

    P – Paz (Habitar el cuerpo): el primer paso metodológico es equilibrar la alienación y el miedo de quien siente su cuerpo «robado» por la enfermedad. Se utiliza una rutina de conexión llamada «encender los interruptores» (desde los pies y los isquiones hasta la coronilla) para ayudar a la persona a habitar de nuevo su cuerpo. En este contexto, la silla es una herramienta terapéutica imprescindible para gestionar las fluctuaciones imprevistas de los síntomas. Asimismo, es fundamental una práctica conclusiva que lleve a un estado de relajación profunda y de integración del trabajo realizado, en la que puede incorporarse, entre otros recursos, el trabajo con el Movimiento Orgánico Consciente (MOC).

    A – Activación (señales externas o cues): dado que el Parkinson reduce los estímulos internos del movimiento, la metodología se apoya en cues (señales) externas. El uso del ritmo —como el tiempo binario y ternario de una música muy rítmica— funciona como un potente activador motor. La flexibilidad del método permite «múltiples puertas de entrada»: una misma propuesta se puede declinar marcando el ritmo con los pies, contando en voz alta o moviendo los dedos en coordinación con la respiración, adaptándose así a cada participante.

    C – Control (propiocepción): en el contexto de la enfermedad de Parkinson, el control no se plantea desde la rigidez o la imposición mental, sino como la capacidad de recuperar una comunicación precisa, consciente y amable con el propio cuerpo. La falta de dopamina altera la percepción que el cerebro tiene del cuerpo en el espacio, lo que a menudo genera movimientos involuntarios, pérdida de la postura o dificultades para iniciar y detener una acción. Por lo tanto, resulta de gran importancia una focalización precisa en los puntos de apoyo, la consciencia postural y el trabajo propioceptivo para devolver la sensación de un cuerpo que responde a los mandos.

    E – Equilibrio (estabilidad física y regulación psicoemocional): el equilibrio en la enfermedad de Parkinson es una cuestión absolutamente crítica que no puede entenderse únicamente desde la física del cuerpo. Las caídas y la inestabilidad postural son frecuentes porque el cerebro pierde la precisión para calcular el cambio de peso y la propulsión necesaria para el movimiento. Sin embargo, el equilibrio físico está íntimamente ligado al equilibrio psicoemocional. La pérdida de control sobre el cuerpo genera un estado constante de alerta, miedo a caer y ansiedad, lo que a su vez incrementa la rigidez muscular, creando un círculo vicioso.

    Resulta fundamental proponer un trabajo sistemático que incluya el «despertar de los pies» con pelotas y el automasaje plantar antes de cada clase, el estudio del desplazamiento del peso y el uso de la imaginería motora (visualizar mentalmente un movimiento antes de ejecutarlo) como recurso de activación cuando el movimiento real resulta difícil de iniciar.

    Como ya señalamos, la falta de dopamina no solo afecta al movimiento, sino también al estado de ánimo. Por eso el yoga, trabajado desde esta mirada integral, actúa también como un estabilizador emocional muy eficaz.

    Conexión social y emocional

    En el trabajo con personas que transitan la enfermedad de Parkinson, los aspectos psicomotores, sociales y emocionales no son meros «complementos» de la terapia, sino que constituyen el corazón mismo de una rehabilitación integral y con sentido humano:

    Trabajar con personas, no con etiquetas. La filosofía central es el rechazo a mirar al participante a través del filtro de su diagnóstico. Se trabaja con el ser humano, acogiendo sus dificultades emocionales, su frustración y su necesidad de recuperar la dignidad y la autonomía.

    El valor terapéutico del contexto y las relaciones. Es fundamental conocer a cada persona y comprender qué disciplina o qué tipo de movimiento puede volver a encender en ella la motivación y la vitalidad. Por ejemplo, un hombre de más de 70 años que, a pesar de una rigidez pronunciada, logró cambiar por completo su postura y fluidez al bailar el tango con su mujer. Esto demuestra metodológicamente que ciertas respuestas motoras y emocionales solo se activan en contextos específicos de relación, afecto y música.

    La creación de una red comunitaria. Esa experiencia online de los inicios se ha transformado, con el tiempo, en una verdadera red social y territorial en Verbania, de extremo valor por la colaboración multidisciplinar (con fisioterapeutas, logopedas, terapeutas ocupacionales y profesores de tai chi, tango, teatro y arte), demostrando cómo estas disciplinas se entrelazan y se potencian unas a otras, creando un ambiente social sumamente estimulante.

    Disolver los prejuicios a través de la experiencia. Muchos participantes (especialmente los mayores) llegan por recomendación del neurólogo y pueden tener prejuicios culturales hacia el yoga. La conexión emocional se establece con paciencia y mediante la introducción gradual de elementos como los sonidos y los mantras, demostrando que el bienestar compartido disuelve cualquier barrera inicial.

    En relación con el tema de los prejuicios, es fundamental aprender a comunicarse en el contexto sanitario; es decir, con el personal de salud, médicos y neurólogos, utilizando un lenguaje claro y comprensible, incluso para quienes no pertenecen al ámbito del yoga. Esto es clave para facilitar al máximo la introducción del yoga en este sector.

    En síntesis

    El movimiento consciente no es solo un fármaco biológico para ralentizar los síntomas, sino un vehículo de inclusión social y de conexión emocional con uno mismo y con los demás. La metodología P.A.C.E. funciona porque une el rigor de la rehabilitación neuromotora con la visión completa y profunda del yoga y la sensibilidad humana de una comunidad que acoge y sostiene.