Saltar al contenido

Caso práctico: deterioro cognitivo y físico

Escrito por Carmen Martín, yogaterapeuta y tutora de la Formación en Yoga Terapéutico en Valencia.

En este caso, se presenta una mujer de 70 años con limitaciones de movimiento debido a varias operaciones de espalda y la presencia de una barra que mantiene su columna fijada, así como una válvula para regular el líquido cefalorraquídeo. Además, experimenta dificultades de atención y memoria, y depende en gran medida de su marido en su vida diaria.

Hemos trabajado juntas desde 2018, con algunas interrupciones debido a empeoramientos de salud, especialmente a nivel cognitivo. Actualmente, su condición está estable y acude a una sesión de yoga individualizado por semana. 

Entre los objetivos que hemos definido destacan:

  • Generar respuesta de relajación
  • Flexibilizar el tórax insuflado y favorecer la espiración 
  • Fortalecer las piernas y relajar hombros
  • Mejorar la confianza y autoestima
  • Trabajar la propiocepción y mejorar la postura corporal
Ejemplo de una sesión:
  • Empieza sentada en una silla. Recordamos la intención de su trabajo, que es “estar tranquila”, como la define y pide ella.
  • Nuestra meditación consiste en cambiar la posición de los dedos: pulgar-índice, pulgar-corazón, pulgar-anular y pulgar-meñique. Con cada cambio de posición, levantamos los brazos por los lados sin extender los codos. Al bajar, cantamos  mantras «OM» o «Shantihi». Esta práctica estimula el bostezo y activa el sistema parasimpático. Ha logrado realizar los cambios de posición de los dedos sin mirarlos cada vez, y el canto mientras baja los brazos le ayuda a prolongar la exhalación. Sin este recurso, no lo consigue.
  • Luego procedemos a desbloquear los diafragmas de arriba hacia abajo. Le pido que haga círculos con los ojos. Observando este movimiento, puedo intuir cómo se encuentra ese día. Si tiene dificultad para cambiar la dirección de los círculos, hacemos varios intentos. Si no lo consigue, le sugiero que dibuje círculos con un dedo frente a ella y siga el movimiento con los ojos. Es muy importante para ella sentir que puede lograrlo, incluso con ayuda de recursos como este. Esto le alegra y yo le transmito que lo está haciendo bien, alentándola a adoptar una actitud positiva. Su expresión facial va cambiando, desde un estado más ausente a más conexión.
  • Luego nos enfocamos en trabajar la zona de la boca y las articulaciones de las muñecas. Colocamos las manos en el centro del pecho y realizamos movimientos alternados del cuello y de los brazos en direcciones opuestas, lo cual requiere concentración. Evitamos elevar los brazos por encima de los hombros, ya que esto causa que la cabeza se incline adelante y los hombros se eleven. También realizamos movimientos de los tobillos y masajeamos los pies con una pelota antes de ponernos de pie.
  • Una vez de pie, hacemos estiramientos de piernas utilizando una silla como soporte. Trabajamos en la imagen de crecer y bajar los hombros simultáneamente. Cada vez que hace una nueva postura, dice en voz alta: «bajo los hombros», y así se da cuenta de cómo los tenía anteriormente.
  • Otro recurso importante que utilizamos es un saquito con peso colocado en su cabeza para trabajar la propiocepción para corrgie su gesto natural de inclinar el tronco adelante. Camina por la sala mirando al horizonte, mientras le doy indicaciones que le gustan, como «eres una princesa» o «no puedes bajar la mirada», creando un ambiente divertido para que se sienta bien al caminar de esta nueva manera. Se quita el saquito y continúa caminando un poco más, como si aún lo llevara puesto. Me impresiona cómo cambia su expresión cuando encuentra su centro, dentro de sus posibilidades. Algunos días le tomo una foto para que pueda verse a sí misma y sigo animándola para que recuerde, cuando esté en la calle, que ella es una princesa, («reina no», dice ella).
  • También trabajamos en la pared con el saquito en la cabeza subiendo y bajando talones.
  • Luego pasamos a cuadrupedia y en la postura del gato, favorecemos la acción de apana y las espiraciones. Posteriormente, nos tumbamos boca arriba con las piernas sobre una pelota grande y hacemos flexiones de piernas hacia el abdomen, para seguir favoreciendo apana.
  • Relajar la espalda, con las piernas elevadas, también contribuye a su relajación general. Mientras permanece con los brazos abiertos hacia los lados, yo leo un cuento breve y conversamos sobre él, también le pregunto acerca del cuento de la semana anterior.

A menudo me preocupaba la monotonía de mi propuesta, solía pensar que siempre hacía lo mismo con ella, pero ahora entiendo que la repetición le está brindando confianza. Ella siente que puede hacerlo porque ha aprendido los movimientos, lo que me permite introducir pequeños cambios de forma gradual.

Aprendemos juntas.