Por Víctor Morera
Yogaterapeuta, fundador de Pranamanasyoga.
Empezaba el retiro manifestando una idea que tengo muy presente: cada grupo es un organismo vivo. Cuando respiramos, meditamos y nos movemos juntos, se genera una armonía en el cuerpo grupal que permite que afloren tanto los dones como las tensiones de cada persona. El grupo, con todos sus miembros, se convierte en sanador para quien lo necesite. Esto sucede especialmente en la convivencia y en las relaciones que se tejen entre quienes no se conocían y entre quienes ya compartían un vínculo previo.
Este año, atendiendo a las necesidades del grupo, he retomado dinámicas de los MOC de los primeros retiros. Hay momentos en los que conviene recuperar ejercicios que demostraron ser muy eficaces y que, con las adaptaciones necesarias en ritmo, intensidad y lugar dentro de la práctica, siguen siendo igual de válidos y sanadores para todos. Cada grupo tiene su propia frecuencia y resonancia, y cuando logran armonizarse, se genera una corriente de equilibrio y autorregulación colectiva. Esto ha permitido que algunas personas liberen tensiones y ganen claridad para su propio desarrollo.
Trabajamos a partir de prácticas de referencia como la «práctica de los diafragmas» y el MOC Prana, centradas principalmente en las zonas más somáticas. Estas prácticas se adaptan siempre a las necesidades de cada grupo y, en función de ellas, pueden variar en algunas de sus dinámicas. Son precisamente estas variaciones las que mencionaba al hablar de los MOC de años anteriores.
Por último, quiero aprovechar para agradecer públicamente a dos profesores de la Universidad de Sevilla con las que tengo la suerte de colaborar. Juntos estamos desarrollando una aproximación más objetiva para estudiar los efectos del MOC. Por primera vez hemos realizado una evaluación previa y posterior al retiro, midiendo la variabilidad cardíaca el primer y el último día, y queda pendiente un segundo test un mes después de la experiencia. Esperamos poder compartir los resultados en septiembre.