Yogaterapia

Yogaterapia, entre la ciencia y el arte II. La escucha.

En el articulo anterior, comentaba que para diseñar una práctica de yogaterapia era necesario saber escuchar, saber observar y saber comunicar.

Escuchar

Podemos decir que una conversación es de calidad cuando somos capaces de estar atentos. Sin atención no hay escucha, no se genera un estado de apertura del corazón, una corriente de empatía entre las personas. No se puede mantener una conversación con cierta profundidad, si no se está presente, que es el requisito fundamental para que se produzca una buena relación terapéutica.

Una forma de evaluar si nuestra práctica de yoga está siendo fructífera es observar si nuestra capacidad de escuchar y generar empatía en las relaciones aumenta.

Para poder escuchar, de alguna manera tenemos que conseguir escuchar a la otra persona sin juicios y sin prejuicios, siendo capaces al mismo tiempo de escucharnos a nosotros mismos, logrando estar en contacto con el cuerpo, con las sensaciones, emociones, sentimientos y necesidades más profundas. En definitiva, siendo capaces de aceptar y dialogar con la sombra y las fuerzas vitales del inconsciente. La idea de que nada de lo humano es ajeno a nosotros, nos hace conectar con humildad y ecuanimidad con nuestras limitaciones y errores. Si nos aceptamos, nos es más fácil aceptar al otro.

En este sentido las prácticas de yoga deberían proporcionarnos un contacto más íntimo y sensible con nuestra naturaleza. Recordemos los dos primeros principios del yoga: yama y niyama, que forman la base de toda práctica y relación ética con la vida. En el contexto de la yogaterapia, la escucha tiene la intención de aumentar la conciencia, de generar una atmósfera de confianza donde la persona se siente comprendida en su propio proceso.

Así se establece una comunicación más profunda, más en contacto con los sentimientos, con el cuerpo, con la respiración y al mismo tiempo dialogando con el el ser, con lo bueno, lo bello y lo verdadero de cada persona.

Es más fácil ver los defectos en los demás, que los dones y las necesidades profundas de cada ser humano. Esto es uno de los hábitos más extendidos en las relaciones humanas, las cuales generan separatividad.

Como entrenamiento, te sugiero que en las conversaciones estés en contacto con la respiración.